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20 oct 2020

ROMANCE DEL MOÑO




 





ROMANCE DEL MOÑO REMOÑO

Alfonso Ussía:


– Bautista, dígale al chófer

que me espere unos momentos.

Tengo que amañarme el moño

para acudir al Congreso-.

– ¿Desea mi ayuda, don Pablo?

-no, yo sólo me lo arreglo-.


Estaba aquella mañana

el moño duro y tremendo,

como una bola de tenis

o una pelota de béisbol.

En su interior habitaban

compartiendo apartamento

moscas, mosquitos, arañas

y toda suerte de insectos

amigos de los espacios

con los nutrientes grasientos.


-Bautista, dígale al chófer

que tardaré algo de tiempo

porque mi moño remoño

está demasiado espeso.

-¿Desea mi ayuda, señor?-;

– no, yo sólo me lo arreglo-.


El moño se resistía

con intrépido denuedo.

Cuando se ataba la goma

la goma, falta de celo,

se desataba y caía

a las baldosas del suelo.


-Bautista, tráigame el Cúter

que con mis manos, no puedo.

y por si el cúter me falla

la “Black and Déker” que tengo

en la esquina de la izquierda

ahí abajo, en el trastero

que me compraron antaño

Errejón o Monedero

el día de mi Onomástica

que comparto con mi Pedro.

–Señor Vicepresidente:

¿Me aceptaría un consejo?-;

– Si el consejo no es fascista

mi buen Bautista, lo acepto.

- Quítese toda la ropa.

desnúdese por completo

deje que el pelo del moño

se expanda y descienda, suelto,

sobre su atlética espalda

sin cautelas ni complejos.

Cuando se encuentre en pelotas-

y perdón por el exceso

de confianza en la forma

de expresarme, que lamento,

introdúzcase en la ducha

abra los grifos sin miedo

y conseguido el buen tono

del chorro, moje el cabello.

Presione bien el envase

del champú, y con los dedos,

después de ubicar el líquido

en la selva de sus pelos

haga espuma con sus manos

y colóquese en el centro

y así, manténgase un rato

bajo el líquido elemento.

Aproveche la ocasión

para enjabonar su cuerpo

que lleva meses sin agua

que lleva meses sediento.

Y al abandonar la ducha

ya limpio y libre el cabello

se hará su moño remoño

fácilmente, en un momento.

Un moño libre de orugas

un moño redondo, higiénico

que al verlo me hará gritar

¡Viva el Vicepresidente!

¡Dandy, pincel, caramelo!

¡Qué limpio va mi señor

a la sesión del Congreso!

-Pero Bautista, es fascista

eso de lavarse el pelo.

-Señor, con sinceridad

y con todo mi respeto

le recuerdo que a Fidel

cada día un peluquero

le lavaba pelo y barba

y le cortaba con celo

los pelos de las orejas

y esos pelillos groseros

que surgen de la nariz

en entrambos agujeros-.

–Bautista, me has convencido.

Me ducharé en un momento.

Díle al chófer que me espere

y que voy a ir al Congreso

a demostrarle a la Olona

o a mis queridos peperos

que con mi moño remoño

más brillante que un lucero

no hay huevos para llevarme

hasta el Tribunal Supremo.

-Y se lavó cuerpo y moño

y aquí termina este cuento.





Otra cosa.........



MOÑO NEGRO



Chevi